
guijarros pintados

neolitico

Se trata de una escultura que representa una estatua femenina idealizada sedente, en mármol, posiblemente de culto, aparecida en la zona del Foro donde se encuentran tres foros que conforman la triada capitolina dedicada a Júpiter, Juno y Minerva y que, posiblemente, representa a una de estas divinidades.
A su vez, se ha presentado la escultura de una cabeza de bóvido de bronce, posiblemente un aplique de puerta o manilla que apareció en las excavaciones realizadas en la Escuela de Verano 2009.En este caso, a pesar de que los detalles anatómicos están indicados, no resulta fácil determinar si representa a un toro o a un buey de cuernos cortos, orejas con incisiones al interior marcando el pelo, melena en la testuz, ojos con el iris inciso y párpados bien definidos, morros con orificios nasales y boca, así como amplia papada con numerosos pliegues colgando. El hecho de que fuera encontrado en el interior de un pozo, localizado en la zona del foro romano donde se sitúan algunos edificios de culto, podría aportar alguna luz a su interpretación. Ésta no sería la misma, según se identifique como un toro o principio masculino de la naturaleza, fuerza procreadora por antonomasia, cuyo poder genésico se asocia a las fuerzas fertilizantes del sol, la lluvia, la tormenta, el trueno y el relámpago, representado por su bramido.Por el contrario, como un buey al que se priva de su atributo más poderoso, perdiendo su primitivo carácter de dios de la fertilidad. Dedicado al engorde, simboliza la mansedumbre, la capacidad de trabajo como animal de tiro y carga, y su disposición para el sacrificio.
Durante la campaña de este verano, los alumnos han intervenido en la zona, excavando espacios de uso vinculados a los edificios públicos del Foro y tomando contacto directo con las distintas etapas de uso que, a lo largo de la historia, tuvo este recinto y los materiales que han llegado hasta nuestros días. Estos materiales son, posteriormente, lavados, clasificados e inventariados por los propios alumnos participantes en la Escuela de Verano, antes de su ingreso definitivo en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.
Ocho entierros de más de 600 años de antigüedad fueron descubiertos por arqueólogos de la Unidad Ejecutora Nº 111: Naylamp-Lambayeque en la zona oeste del complejo arqueológico Jotoro, ubicado a seis kilómetros del distrito de Jayanca, en la provincia de Lambayeque.
Este hallazgo, que pertenece a la época de las ocupaciones de los chimúes (1370 años después de Cristo) y los incas (1470 después de Cristo), presenta patrones de enterramiento nunca antes registrados en esa región, como son las cámaras funerarias en forma de bota, similares a los entierros de los vicus, en Piura, y de la zona de Cajamarca, por lo que es “muy importante” el descubrimiento, señaló el arqueólogo Juan Martínez Fiestas.
De estos ocho entierros se ha definido que tres de ellos corresponden a niños de entre 2 y 4 años, y cinco son individuos adultos, presentando ofrendas de cerámica ceremonial, lo que determina la importancia que tuvieron estos personajes.
Indicó que para estas investigaciones, de acuerdo con el expediente técnico, se ha proyectado una inversión un millón 960 mil nuevos soles para cuatro años, pero a la fecha se ha gastado más de medio millón.
Datos
Investigación. El director del Museo Arqueológico Bruning, Carlos Wester, destacó la importancia de estos hallazgos arqueológicos.
Labor. Por primera vez, dijo, se investiga científicamente el lugar para conocer el grado de desarrollo cultural y económico de las sociedades que ocuparon ese sitio.

Un equipo de arqueólogos españoles descubrió en Tiro (sur de Líbano) un importante cementerio de la época fenicia que podría ayudar a comprender mejor esta civilización, anunciaron este miércoles responsables de las excavaciones.
“Este descubrimiento representa por el momento la más importante fuente de informaciones para conocer mejor la historia de los fenicios en Oriente”, explicó Ali Badaui, arqueólogo y alto cargo del ministerio libanés de Cultura.
Según los primeros cálculos, el cementerio, que fue encontrado casi intacto a la entrada de la ciudad, pertenecería a un período comprendido entre los siglos IX a VII antes de Cristo.
“La importancia de ese cementerio es que se encuentra en una de las principales ciudades fenicias”, afirmó Maria Aubet, profesora de arqueología y jefa de la misión de la Universidad de Barcelona a cargo de las excavaciones.
Según Badaui, se encontraron más de 60 jarras de 50 centímetros de profundidad, herméticamente cerradas y esparcidas en una superficie de unos 300 metros cuadrados.
En el interior hay huesos quemados. “La tradición entre los fenicios era quemar los cadáveres y los huesos de los muertos”, explicó Aubet.
“Con esos huesos se comprenderá el régimen alimentario y el nivel social de quienes fueron enterrados ahí”, subrayó Badaui.
La misión, que fue llevada a cabo a petición del ministerio de Cultura, se inició hace cuatro años, pero fue interrumpida en 2006 a causa de la guerra entre el Hezbolá chiita e Israel, que devastó el sur libanés.
Los fenicios eran navegantes y comerciantes.
Tiro era la principal ciudad Estado del territorio de Fenicia, que corresponde más o menos al Líbano actual.
Biblos, Sidón y Beritos (Beirut) figuraban entre las grandes ciudades fenicias.
En los últimos años se han descubierto numerosos vestigios antiguos en Líbano.
En excavaciones cerca de la valla de seguridad al norte de Jerusalén, fue descubierto un fragmento de un sarcófago que data del período del Segundo Templo, con la inscripción: “Ben HaCohen HaGadol”. Las excavaciones fueron conducidas por la unidad de arqueología de la Administración Civil en Judea y Samaria, bajo la dirección de Naftali Aizik y Biniamín Hareven.

Durante la excavación, se descubrieron edificios públicos y civiles, así como establecimientos agrícolas, piscinas y cisternas, todos del período entre la destrucción del Segund Templo y el inicio del período islámico.
En el sitio se descubrieron pertenencias de altos sacerdotes que sirvieron en el Templo en Jerusalén. Los expertos responsables del hallazgo afirmaron que el Gran Sacerdote era la figura más importante en el Templo, en especial durante Iom Kipur.
